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Mi hijo me abandonó durante tres horas porque creyó que el miedo me haría firmar unos papeles. Cuando mi nieto finalmente me encontró, quiso llamar furioso a sus padres, pero le dije: “No los llames; primero necesito saber qué están intentando hacer”. Al día siguiente, una abogada abrió el contrato completo: había una deuda de 2,350,000 pesos y mi casa aparecía justo donde yo más temía.
PARTE 1 —Quédate aquí, papá. Cuando se te pase el berrinche, regresamos por ti —me dijo mi propio hijo antes de arrancar y dejarme solo en un parador de carretera.…